Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

25 de febrero de 2011

Palabras de Mons. Juan García en el hospital materno

Palabras de monseñor Juan García durante la visita de la imagen peregrina al hospital materno Ana Betancourt de Mora de Camagüey, el jueves 24 de febrero de 2011.

La Virgen de la Caridad, nos recuerda a la Virgen María, que vivía en un pueblo pequeñito llamado Nazaret, y en ese pueblito ella recibió un  mensaje de parte de Dios Padre, que iba a ser la madre del hijo de Dios hecho hombre. Por eso esta imagen lleva en su mano izquierda al niño Jesús. Ella, también embarazada, fue a visitar a su prima Isabel que ya llevaba dentro al que sería Juan el Bautista. Recibimos a la Virgen con un fuerte aplauso.

La palabra de Dios nos narra el acontecimiento de las dos embarazadas que se encuentran. La Virgen es bendita porque lleva en su seno al hijo de Dios hecho hombre. La Iglesia saluda a la Virgen con el saludo del ángel cuando fue a anunciarle que iba a ser la madre del Salvador; y el primer saludo fue así: “Dios te salve, María; llena eres de gracia, el Señor es contigo”. El siguiente saludo es el de Isabel: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. Esta primera parte de la oración del Ave María es bíblica,  la segunda parte es la oración que la Iglesia desde siglos le dirige a la Virgen. Saludamos todos a la Virgen con el saludo del ángel, con el saludo de Isabel, con la oración de la Iglesia (…)

Bien podemos decir que todas las señoras embarazadas son benditas entre las mujeres; porque hay mujeres que quieren tener hijos y no pueden, hay mujeres que pueden y no quieren. Las señoras embarazadas aquí presentes, y que están en este hospital materno, han querido y han podido, y llevan dentro de sí un fruto bendito. Ese fruto bendito siente ya el cariño, la atención, la delicadeza de su mamá. Y esta marca quedará en ese fruto bendito después que nazca y crezca;  y esa marca acompañará a ese fruto bendito toda la vida, aunque no tenga plena conciencia de lo que sintió en el interior del vientre de su madre.

Damos gracias a Dios por nuestra mamá que también nos llevó dentro, y fuimos para ella fruto bendito. Si no hubiéramos sido fruto bendito, no hubiéramos nacido. Damos gracias a nuestra mamá, damos gracias también a estas señoras embarazadas que llevan dentro un fruto bendito. Ponemos en las manos de Dios a estos frutos benditos y rezamos al Dios, Padre, creador de la vida, al que nos regaló la vida, al que hizo posible que del amor del esposo y de la esposa, surgiera una nueva vida, al que va formando el cuerpo de ese el fruto bendito, al que ha dado alma y espíritu a ese cuerpo que se va formando dentro de este lugar sagrado de la madre.

Pidamos a la Virgen, hay mucho que pedirle; ella lleva en la mano derecha una cruz; eso nos recuerda que cuando Jesucristo moría en la Cruz, él le dijo a su madre, que estaba al pie de la Cruz, refiriéndose a un amigo del mismo Jesús: “Madre, he ahí a tu hijo”. Luego dijo al discípulo y amigo: “Hijo, he ahí a tu Madre”. Desde entonces, entendemos que Jesucristo nos regaló por madre a la Virgen.

Miramos a la Virgen, le pedimos lo que llevamos en el corazón, le presentamos las ilusiones, las esperanzas, los sueños; también las dudas, las incertidumbres, las preocupaciones (…) es nuestra oración personal y silenciosa. Vamos a presentar nuestra oración por los doctores y las doctoras; por los ginecólogos y las ginecólogas; enfermeros y enfermeras y trabajadores que luchan para que estos frutos benditos salgan a la luz con salud y puedan ser bendición para la sociedad.

Rezamos a la Virgen para que ella presente a Dios nuestra oración: Dios Padre, gracias por haber creado a los ginecólogos, neonatólogos y doctores por amor para salvar vidas y defenderlas como Hipócrates, desde su concepción hasta su ocaso natural. Señor Jesucristo, gracias por llamar a los médicos y enfermeros, para sanar y consolar enfermos como tú. Espíritu Santo, gracias por lo que has inspirado de bondad, conocimiento y ciencia a los doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras, y gracias por lo mucho más que realizarás con ellos. Santa María de la Caridad, Virgen Mambisa Peregrina, ruega por tus hijos, los doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras, para que crezca la caridad en toda su labor. Beato José Olallo Valdés, enfermero del siglo XIX, intercede por tus hijos que trabajan a favor de las embarazadas, para que continúen llevando felicidad a sus pacientes que esperan mucho de ellos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.