Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

26 de febrero de 2011

San Francisco de Sales acoge a María.

San Francisco de Sales acoge a María.

Visita a Puerto Príncipe

Por: Mirtha Hidalgo Pedroarias

 

Camagüey: febrero 25 (6:00 p.m.) La visita de la Virgen peregrina a la comunidad sin templo de San Francisco de Sales, en el Reparto Puerto Príncipe, adjunta a la parroquia de La Soledad, en Camagüey. Antes de su llegada nos unimos en oración, personas de diferentes credos, tanto políticos como religiosos, para recibir este verdadero regalo de Jesús, que nos envía a su madre para que todos seamos uno, en el amor a Dios, en el amor a la Patria.

 

A la llegada de la Imagen peregrina, Mons. Juan leyó el Evangelio de San Lucas y  comentó el pasaje de donde nace la primera estrofa del Ave María. Hizo mucho énfasis en el misterio y la bendición de la maternidad y bendijo, en nombre de Dios y de la Virgen a las embarazadas que estaban presentes. El Arzobispo también comentó acerca de la educación de los hijos en la familia y la necesidad de educar a hombres de bien.

 

Mons. José Grau, párroco de la Soledad pidió un momento de recogimiento y silencio, para que cada uno de los presentes hiciera su petición a la madre de todos los cubanos. Hizo referencia a la unidad del pueblo cubano, de la familia, al amor entre hermanos y el sentido cristiano de la vida.

 

Un momento muy emotivo fue cuando Mons. Juan invitó a todos a entonar el Himno Nacional e hizo una breve referencia a la famila Maceo-Grajales, y explicó que nuestro himno tiene profundas raices cristianas.  Se hizo realidad una vez más: Dios y la Patria junto al pueblo cubano.

 

Los cantos, los globos, las flores, los ramos de palma se enarbolaron con júbilo y amor y luego se invitó a que las personas desfilaran ante ella. Fue un desfile lleno de emoción y de sorpresas también. Muchos pioneros, con uniforme y pañoleta ofrecieron flores; personas de la tercera edad en sillas de ruedas le ofrecieron a la Virgen respeto y amor con la mirada; madres con niños en brazos, en un gesto de confianza, ofrecían su fruto a la madre de todas las madres.  De igual modo, desfilaron personas de otras denominaciones religiosas, unidas a la comunidad cristiana en este acto devocional.

 

La despedida fue alegre, con la convicción de que María nos visitó, y su luz bienhechora queda entre nosotros.