Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

14 de marzo de 2011

Últimos días en Camagüey (Aguacate y Tabor)

 
La Virgen a su paso por Aguacate y Tabor

Por: Ariel Morales y Maité Brito

 

Tabor, Esmeralda. Camagüey: marzo 12 (6.00 p.m.) Nadie quedó dentro de su casa en el caserío de Aguacate en la tarde del sábado, todos sus habitantes salieron a ver a su Virgencita. Dos jinetes a caballo portando la bandera cubana y del Vaticano esperaron en la autopista que limita con este barrio no tan cercano del pueblo; donde muchos esperaban ya  desde hacía un buen rato, pues querían verla de bien cerquita. Algunos con sombrillas, otros sin ella. Velas y flores portaban en sus manos y sobre todo rostros llenos de esperanza, contemplaban a la madre depositando en ella su confianza. Muchos se trasladaron desde la parroquia hasta allí en bicicletas y a pie a pesar de la distancia y el intenso sol. 

En lo alto hondeaba una bandera cubana y solo un metro más abajo, una silueta de la Virgen hecha con flores sobre la isla de Cuba, una montaña de guajaca y un bohío presidían  el lugar.

Después de las acostumbradas bendiciones a las embarazadas, los niños pequeños y grandes, los ancianos y enfermos, todos pedimos a  María que mirara con amor a sus hijos Hilda y Salomón que cumplían 85 y 101 años respectivamente. A la familia que prestó y adornó el patio donde estaría la Imagen de nuestra madre buena, porque en este lugar no hay templo y a todos los que no pudieron estar porque no pueden caminar, no tienen bastón o a alguien que los acompañe.

La despedida fue bien alegre, todos cantaron emocionados que "La Virgen se queda en Aguacate…" para siempre.

Una parada obligada fue Caonao a 5 Km. de Esmeralda porque sus pobladores esperaban al lado del camino para ver a su Virgencita con la esperanza de ser alcanzados por su bendición, unos minutos más tarde continuó el trayecto hasta Tabor.

En Tabor

Ancianos, embarazadas, jóvenes y niños se reunieron en la calle principal, casi donde comienza el pueblito para acompañar a nuestra madre. En la procesión hasta el patio del pequeño templo, un señor a quien llaman "el niño", enfermo y encamado no quiso permanecer dentro de su casa y lo acostaron en el portal para que pudiera ver pasar y pedirle a su Virgencita de la Caridad. El padre Alberto Reyes, conmovido por su devoción, no pudo resistirse a cruzar la verja y entrar al portal para darle una bendición especial mientras la Virgen pasaba justo en frente. Así prosiguió la procesión hasta el templo, donde muchos fueron los muchachos que mostraron su disposición para trasladar la urna desde el carro hasta el podio en donde descansaría mientras duró la celebración. Todos salimos reconfortados después de la oración dirigida por la Hermana Clara, de la  Compañía de María, que logró que el clima de silencio y exterior e interior de los presentes se mantuviera hasta la despedida.

Bendiciones, cantos, fe, son palabras que se han puesto de moda en estos días motivados por el paso de Cachita por nuestras comunidades. Roguemos todos para que esta moda dure para siempre.

Que la moda de reunirnos como hermanos, que la moda de la esperanza, que la moda de la fe y la oración dure por siempre en nuestras vidas y seamos capaces de contagiarla a otros.