Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

15 de abril de 2011

HOMILIA DE MONSEÑOR JUAN GARCÍA RODRÍGUEZ EN LA MISA CRISMAL. Camagüey, 14 de abril de 2011.

Damos gracias a Dios por el regalo que nos ha hecho en el sacerdote más joven de nuestra arquidiócesis, el P. Julio Antonio Perozo García, ordenado el 25 de marzo y cuyas manos todavía tienen el agradable perfume del Santo Crisma. Estando viudo se ordenó diácono y después la Santa Iglesia permitió que recibiera el sacerdocio.

 

También damos gracias a Dios por dos futuros sacerdotes que se ordenarán diáconos el próximo lunes de Pascua y sacerdotes en el aniversario 63 de ordenación sacerdotal de Monseñor Adolfo, Yosbel Puentes y Bladimir Navarro.

 

Damos gracias a Dios por el sacerdote que nos bautizó… Damos gracias a Dios por el sacerdote que nos dio la Primera Comunión… Damos gracias a Dios por el sacerdote que bendijo la unión matrimonial… Damos gracias a Dios por el sacerdote que ungió con el óleo de los enfermos a nuestros familiares… Damos gracias a Dios por el sacerdote que, al llegar nosotros a la Plaza Bedoya y al encontrarnos varias calles en diferentes direcciones nos mostró la que lleva a la Iglesia de El Carmen y nos indicó la calle que nos conduce al Camino, la Verdad y la Vida. Los Alcohólicos Anónimos dan gracias a Dios por los sacerdotes que les han abierto sus iglesias para la recuperación y ayuda mutua.

 

Damos gracias a Dios por la Comunidad de San Juan de Dios que ha preparado una oración propia para rezar por su sacerdote enfermo: el P. Cambra. Eso deberían hacer todas las comunidades: preparar una oración propia por su sacerdote y rezarla. Es una manera de cuidar, defender, apoyar a nuestros sacerdotes, valiosos acompañantes de nuestras vidas y familias. Damos gracias a Dios por la Comunidad de El Sagrado Corazón que todos los días ruega a Dios Padre que envíe obreros a su mies.

 

La Virgen de la Caridad, peregrina y mambisa nos demostró que el deseo de Dios es muy grande y que los pobres, los cautivos del pecado, los alcohólicos, las jineteras, los violentos, los afligidos, los que andan sin rumbo necesitan conocer a Jesucristo y es el sacerdote con su comunidad de bautizados el reconciliador, el perdonador, el evangelizador, el catequista, el consolador, el puente, el gran orante, el que puede hacerlos felices en esta vida y en la eterna.

 

La teología de la Iglesia nos dice que todo bautizado es sacerdote. Cuando somos ungidos en el bautismo con el aceite crisma se nos dice: eres miembro de Cristo, sacerdote, profeta y Rey.

 

Vale la pena entregar a Dios todo lo que El mismo nos dio ya que toda nuestra persona pertenece a Él.

 

La Virgen de la Caridad, peregrina y mambisa está muy contenta con ustedes, queridos catecúmenos que se preparan para recibir el bautismo, la Eucaristía, la penitencia y el matrimonio sacramental. Así tendrán la misma vida de hijos de Dios y podrán ser santos y santas.

 

El Papa Benedicto XVI ha preguntado ¿cuál es el alma de la santidad? ¿Qué es lo esencial? Responde:

Esencial es no dejar nunca un domingo sin un encuentro con el Cristo Resucitado en la Eucaristía, esto no es una carga, sino que es luz para toda la semana. No comenzar y no terminar nunca un día sin al menos un breve contacto con Dios. Y, en el camino de nuestra vida, seguir las “señales del camino” que Dios nos ha comunicado en el Decálogo leído con Cristo, que es simplemente la definición de la caridad en determinadas situaciones. Me parece que esta es la verdadera sencillez y grandeza de la vida de santidad. (Lumen Gentium, 42)

 

También el Papa ha dicho: lo peor que le ha pasado a la Iglesia nos son las persecuciones, lo peor es el pecado de la propia iglesia. El Espíritu Santo que nos ha ungido nos conceda vivir un sacerdocio santo en la vocación personal, familiar, sacerdotal y religiosa que el mismo Cristo nos ha pedido.

 

Esta es nuestra oración personal y silenciosa.