Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

3 de mayo de 2011

PALABRAS DE MONSEÑOR JUAN GARCÍA, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, EN LA PASCUA JOVEN. El Cobre, 30 de abril de 2011.

 

Damos gracias a Dios porque nos pensó desde la eternidad, nos creó por el amor de nuestros padres y nos ha dado una misión única para que nuestra persona, nuestra familia, nuestra sociedad y nuestra iglesia sean mejores.

Él nos creó como una única persona. No ha habido nadie igual a nosotros antes, no hay nadie igual hoy ni lo habrá después. Es lo que Dios nos dice y lo comprueba el ADN.

Nuestra persona es hija de Dios y ha adquirido el valor de la sangre de Cristo derramada en la cruz por cada uno de nosotros. Nuestra persona tiene innumerables dones regalados que hemos de desarrollar y hacerlos crecer. Los regalos están hechos. Solo hay que desarrollarlos. Eso depende de mí. Damos gracias al sordo Bethoven por componer la V sinfonía y mucha música; damos gracias al despreciado médico de los mosquitos, Carlos J. Finlay, por descubrir el agente trasmisor de la fiebre amarilla; damos gracias a Edison, lento para aprender, por regalarnos el bombillo; damos gracias al Beato Olallo Valdés que sin padre ni madre se convirtió en padre y madre de muchos; damos gracias a los minusválidos por superar las dificultades con tanto empeño y perseverancia.

La primera página de la Biblia afirma: “Dios vio que todo cuanto había hecho era bueno” (Génesis 1, 31). El Señor nos ha regalado innumerables talentos: a desarrollarlos. Así nos sentiremos felices como personas y haremos felices a otras muchas personas. Así se cumplirá la Palabra de Dios: somos buenos y todo lo que podemos hacer es bueno.

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Dios quiere que constituyamos una bella familia formada por un hombre y una mujer para amarse fielmente y tener la maravilla de los hijos. Cuando un joven y una joven acceden vírgenes al matrimonio, lo más probable según las leyes sicológicas, humanas y espirituales es que vivan juntos toda la vida. Cuando un  matrimonio se rodea de hijos hay una alegría interior y exterior que crece con los años. Cuando él la ama a ella y ella a él como Cristo amó a su Iglesia (Efesios 5, 25), nada ni nadie los separará. Lejos de toda muchacha aquí presente hacerse un aborto. La madre es para dar la vida, no para quitarla. Este es un buen lugar para prometerle a la Virgen nunca hacerse un aborto.  La mejor carrera que puede tener un joven es constituir una bella familia fundada en la fe, la esperanza y la caridad.

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Todo bautizado es sal de la tierra y luz del mundo. (Mateo 5, 13)

Ustedes han de dar a sus amigos y amigas el sabor del amor, del servicio entregado y desinteresado, de la honradez, la pureza, la sinceridad, la laboriosidad, el estudio. Este sabor es una pequeña luz en medio de la oscuridad del pecado, pero es un sabor, una sal, una luz deseada aunque muchos los consideren desaparecidos y pasados de moda. Este sabor, esta sal, esta luz son bienes eternos con los cuales fuimos creados y en medio de ellos hemos de vivir si queremos una sociedad feliz. Marthin Luther King afirmó: Un día el bien derrotado vencerá al mal triunfante. Y también dijo: El miedo tocó a la puerta, la fe fue a abrir. No había nadie.

El mañana Beato Juan Pablo II dijo a los jóvenes: No se dejen vencer por el mal; venzan al mal a fuerza de bien. No tengan miedo de abrirle las puertas de su corazón a Cristo. Que este sea el programa de la juventud cubana.

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Por el bautismo ustedes renunciaron al mal y profesaron su fe públicamente y entraron a formar parte de la Iglesia. La Iglesia es la gran familia de Cristo que reunida celebra los misterios de su muerte y resurrección todos los domingos. Hay numerosos ejemplos de cristianos que no dejan de participar en misa el domingo a pesar de la lejanía. Y hay cristianos que después de su primera comunión siempre han estado en la misa dominical.

Los miembros de la Iglesia proclaman su fe en el resucitado tanto con la presencia como con las palabras. Felicitamos a los jóvenes aquí presentes que, cuando les han preguntado acerca de su fe, la han proclamado con voz fuerte y sano orgullo. A ustedes valientes jóvenes, Jesucristo les dice: “Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo” (Mateo 5, 12).

La Iglesia es la familia que anuncia el evangelio y la persona de Cristo a una multitud inmensa que desea conocerlo pero que no lo conoce.

La Iglesia es la familia que enseña el catecismo, la verdad de Dios, del hombre, de la Iglesia. Felicitamos a todos los jóvenes que son catequistas. ¡Qué gran felicidad enseñar y marcar a un niño, adolescente, joven o catecúmeno con el evangelio de Cristo para siempre. 

La Virgen de la Caridad, peregrina y mambisa, nos hizo saber que una gran parte de nuestro pueblo, desea saber de Ella y de su Hijo y de su caridad.

La Virgen felicita a todos los jóvenes que prepararon su visita y la acompañaron.

La Iglesia es la familia de la Caridad que da de comer al hambriento, da de beber al sediento, viste al desnudo, visita al preso y al enfermo, hospeda al peregrino. (Mateo 25, 31-36)

Felicitamos a todos los jóvenes que realizan esta labor. Ellos sienten una alegría interior por realizar este servicio. Quien es ayudado se siente querido y el que ayuda tiene una mayor felicidad y un gran gozo les espera a los dos en el cielo.

Jóvenes, imiten a tantos laicos fieles que fueron y son antorchas de la fe, de la esperanza y del amor.

Den gracias por tantos sacerdotes, diáconos, monjas y hermanos que brillan por su entrega a Cristo. Y pregúntense hoy delante de la Virgen de la Caridad si ustedes pueden ser como ellos. Una gran dicha anidará en sus corazones si son llamados a tan hermosa misión y una gran paz llegará a nuestro pueblo.

 

OREMOS

Dios Padre, gracias por crearnos para amar.

Señor Jesucristo, gracias por llamarnos para seguir tu camino, tu verdad y vivir tu vida.

Espíritu Santo, gracias porque contigo podremos realizar nuestros hermosos sueños personales, familiares, eclesiales y sociales.

Santa María de la Caridad, peregrina y mambisa, acompáñanos como Madre nuestra que eres y ruega por nosotros en los momentos de decisiones, los peligros, las tentaciones, ahora y en la hora de llegar a la casa de nuestro Padre. Amén.