Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

11 de agosto de 2011

Homilía de Mons. Juan García Rodríguez, arzobispo de Camagüey

en los Votos Perpetuos de Sor Isabel de Armas Rodríguez, hccs

Nuevitas, 10 de agosto de 2011

Con la salmista y el salmista hemos cantado ¿cómo te pagaré, oh Señor, todo el bien que me has hecho?

¿Cómo pagará Sor Isabel a Dios el regalo de sus padres, familiares, maestros, catequistas, sacerdotes y monjas que Dios ha puesto en su vida?

¿Cómo pagará Sor Isabel a Dios Padre el encontrarse con Jesucristo en esta ciudad de Nuevitas, quedar enamorada de Él, unirse a Él más por los sacramentos, conservar su virginidad para entregarla a su esposo?

¿Cómo pagará a Dios Sor Isabel haberse encontrado con el Beato Ciriaco María Sancha y sus hijas y escuchar el llamado de pertenecer a esta gran familia de las Hermanas de la Caridad?

¿Cómo le pagaremos al Señor la vida, nuestros padres y familiares, la inteligencia, dones y talentos, la fe, la Iglesia y sus sacramentos?

La única manera de pagar es darlo todo, dar nuestra persona única, pensada desde la eternidad, antes de estar en el seno materno, creada por el amor de nuestros padres, elegida por nuestro mismo Dios para una misión única y especial. Nuestra gran felicidad es encontrar nuestra misión única sin la cual nuestra persona, familia, iglesia y sociedad quedarían cojas. Encontrar la misión implica conversar con Dios, discutir con Él y decirle que no nos gusta lo que nos ha encomendado y que nosotros no vamos a realizar eso que él quiere, que se busque a otra persona, que no soy capaz y no tengo ganas de sacrificarme por tanta gente mal agradecida que ni oyen, ni entienden y se burlan de las palabras tuyas y de mí su elegido o elegida, también.

El Dios que nos ama se mantendrá firme en su elección, el elegido seguirá discutiendo y si quiere ser feliz entenderá tarde o temprano que Él que nos eligió no nos abandonará y si le hacemos caso, será feliz cada persona, la familia, la iglesia y la sociedad. Es importante descubrir nuestra misión ya, porque el tiempo pasa y, si la descubrimos muy tarde, no la podremos completar. No hay nada que temer. Con Dios David venció a Goliat, la Virgen pisoteó al diablo, los apóstoles, los mártires y los misioneros, sembraron la semilla del evangelio en el mundo.

Con Dios el Beato Cardenal Sancha y sus hijas salvaron la vida de muchos ancianos y niños en la guerra de los diez años y hoy las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha han hecho presente a Jesucristo en Nuevitas y Camagüey, la Habana y ahora en el Caney.

Con tu Jesús, Sor Isabel, caminarás sobre el agua, sembrarás felicidad y llenarás de esperanza a los afligidos haciéndoles levantar la mirada hacia el cielo donde Él habita con el Padre y el Espíritu Santo y nos espera en su casa de la eterna felicidad.

Con tus hermanas de la Caridad constituirás una bella familia y juntas harán realidad los sueños del Beato Ciriaco María Sancha.

Con la Virgen de la Caridad las dificultades y los fracasos serán soportados y ella, que viene a caminar con nosotros, nos empujará hacia delante para continuar.

Dios Padre, ¿cómo te podremos pagar, nosotros, los ancianos, los huérfanos, los enfermos, los jóvenes el regalo de Sor Isabel y el de las hermanas de la Caridad? Dínoslo ahora en el silencio del corazón.